lunes, 5 de agosto de 2019

VESTIGIOS DE LA VIDA REAL O FIGURADA DE ELOI

“Eloi, Eloi, lama sabactani

"Y cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y a la hora novena, Jesús clamó a gran voz: "Eloi, Eloi, lama sabactani ", "Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado" “Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. Y el velo del Templo  se rasgó en dos, de arriba a abajo. Y cuando el centurión, que estaba frente a Él, al ver cómo había expirado, dijo: ‘Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Marcos 15:33-34,37-39).

La exclamación expresada por el Nazareno en arameo, lengua semítica con una antigüedad de unos tres mil años, encierra algunos misterios. ¿Tuvo Jesús realmente miedo en ese momento de la crucifixión? ¿Se vio desamparado? ¿Pensó que el Padre lo había abandonado? Y si fue así, ¿por qué Dios abandonó a su hijo en la cruz? Mateo y Marcos, son los únicos Evangelistas que registran este incidente en detalle, señalan que Jesús se sintió abandonado por Dios, sin explicar el por qué (Mateo 26: 46; Marcos 15:34). Se da una serie de explicaciones al respecto por esa separación del Hijo con el Padre en un momento tan dramático. Sugieren especialistas que “el Padre no podía soportar ser testigo de la muerte de su amado Hijo; y por lo tanto, se apartó en el momento del sufrimiento final de Jesús”. También, que “el Padre tenía que irse, para que Jesús pueda cumplir la expiación completamente solo”. O que Jesús “se encontró absolutamente abandonado por Dios, al igual que todos los pecadores y por eso sufrió y murió en nuestro lugar” (Gálatas 3:13). Es decir, en ese momento Dios retiró su poder protector a su Hijo, “para que Él hiciera el sacrificio expiatorio por todos nosotros”.

No se conoce con certeza cuánto tiempo duró la vida pública de Jesús, señala un comentarista de estos temas sagrados. Los evangelios sinópticos mencionan una sola fiesta de Pascua celebrada por él con sus discípulos en Jerusalén, durante la cual fue detenido y crucificado. Eso parece sugerir que su vida pública duró solamente un año. En el Evsngelio de Juan, por el contrario, se mencionan tres fiestas de Pascua, las tres celebradas por Jesús en Jerusalén, lo que hace suponer que el ministerio de Jesús se prolongó durante dos o tres años. En todos los evangelios sólo hay una indicación precisa de fecha, la que se ofrece en Lucas (Lucas. 3:1-2). Jesús, como otros hombres célebres de la antigüedad, incluido Sócrates, no escribió nada, o no hay constancia de ello. Todo se basa en relatos y textos de otros.  

Según las Cartas de Pablo los primeros textos sobre Jesús son posteriores en unos veinte años a la fecha probable de su muerte, luego, las principales fuentes de información acerca de su vida, o sea los cuatro evangelios canónicos, se redactaron en la segunda mitad del siglo I.  Las Cartas de Pablo de Tarso, escritas, según la datación más probable, entre los años 50 y 60 son los documentos más tempranos acerca de Jesús. El papiro de Egerton, único fragmento que no aparece en los evangelios canónicos cita una pregunta de Jesús a sus discípulos: “¿Por qué la semilla se entierra y al poco tiempo crece de modo inconmensurable?".  A continuación, Jesús hace un milagro plantando en el río Jordán una semilla de la que crece un árbol que da fruto. ¿Talvez se refieren a la resurrección? No hay acuerdo sobre este caso, el fragmento está muy deteriorado y faltan muchas palabras en el texto.

Juan Chapa, profesor de la Universidad de Navarra, ha descubierto en Inglaterra un probable evangelio apócrifo que pertenece a la colección de papiros de Oxirrinco (Egipto) y se conserva en la Universidad de Oxford. El papiro que acaba de ser editado por dicho investigador, decano de la Facultad de Teología de la Universidad española y profesor de Nuevo Testamento, explica que, “en una cara relata parte de un exorcismo realizado por Jesús, que no encuentra su paralelo exacto en los cuatro evangelios canónicos”.

Cuántos misterios más en torno a la vida y muerte de Jesús. No cave duda que existió, pero también, que es muy difícil llegar a saber mucho en cuanto al personaje, que sobre todo ostenta un halo divino y encarna una filosofía, inaceptable para su tiempo, y quizás impracticable e inexplicable para nuestros días.

viernes, 26 de julio de 2019

CRISTIANISMO, ¿UN INVENTO DE CONSTANTINO?

“Se necesita imaginación para suponer que el Emperador Constantino, en el año 303, reuniera un pequeño equipo redactor y les encargara escribir los cuatro Evangelios y varios textos más, todos ellos falsificados, con el fin de implantar en el Imperio su nueva religión, el Cristianismo”.

Esta idea que parece de locos es la que Fernando Conde trata de demostrar en su libro Año 303. Inventan el Cristianismo.

¿Es el Cristianismo una religión inventada, o al menos algunos de los principales textos que la sostienen?

-Sí, las dos cosas, los textos y, por lo tanto, la religión... El Cristianismo es obra de una persona del año 300 que se llamaba Lactancio, un personaje histórico, que de hecho fue el pedagogo de Crispo, el hijo mayor de Constantino. Este hombre era un visionario, una persona de pocas luces, que cometió varios errores, entre ellos creer que al encontrar una moral elemental en los textos egipcios había descubierto el universo. Pero fue capaz de convencer a alguien con mucho poder, Constantino, y de ahí nos viene todo... Lactancio contactó con Constantino cuando era un tribuno, el protegido de Diocleciano, pero no tenía poder todavía sobre el Imperio. Pero a los tres años se hizo con autoridad sobre las Galias, y a partir de ahí fue sumando partes hasta hacerse con todo el Imperio y así pudo instalar el Cristianismo en Nicea.

Por ende, ¿deducimos de su investigación que Jesucristo no existió?

-Efectivamente. Es duro decirlo pero Jesucristo es un invento literario de Lactancio. Es tan real como Don Quijote, Superman o Skywalker, es un personaje de ficción. Se le dio la figura de hijo de Dios porque Lactancio estaba obsesionado con que todo el Imperio adorase al Dios único, porque si no ese Dios único iba a mandar el fin del mundo. El nacimiento del Cristianismo está motivado por la convicción de que si no se adoraba al Dios único, en muy poco tiempo iba a llegar el fin del mundo.

Sin ser experto en Historia, nada más lejos, el historiador Flavio Josefo sí cita a Jesucristo en sus escritos...

-Flavio Josefo escribió sus Antigüedades judaicas sin citar para nada a Jesucristo, lo que sucede es que Constantino formó un equipo integrado por Lactancio y Eusebio de Cesarea, que era historiador. Y a este último le tocó interpolar a Flavio Josefo y a Plinio para meter una cuña en la que citase a Jesucristo. Pero los historiadores con cabeza ya encuentran que esa cita de Jesucristo no pega en el sitio, ya que corta dos pasajes que tienen una perfecta unión entre sí. Es decir, que ya hay sospechas de que el testimonio flaviano es una falsificación y, además, han aparecido pruebas de que es una interpolación.

¿Por qué Constantino decidió adoptar el Cristianismo como religión del Imperio, qué ventajas le ofrecía?

-Lactancio, en el año 303 fue a hablar con Diocleciano, y de eso hay indicios muy ciertos. Diocleciano le rechazó pero Constantino, que vivía con Diocleciano en Nicomedia, le oyó y no puedo decir si eso le dio pie para basar su ambición de tener todo el Imperio bajo su mando o primero tuvo el Imperio y luego inventó el Cristianismo. Pero lo que sí es Historia es que ansiaba dominar todo el Imperio, no solo la cuarta parte que le correspondió, y que implantó el Cristianismo primero en la parte occidental y luego en todo el Imperio a través del Concilio de Nicea.

Apunta que Lactancio tomó como base la moral de los textos egipcios pero la realidad dicta que la religión cristiana bebe de muchas otras religiones, ya que por ejemplo adopta las Saturnales y las convierte en la actual Navidad.

-Efectivamente. Una cosa es la obra de Lactancio y otra el amejoramiento del fuero que hicieron los Santos Padres, pero eso ya fue en época de Teodosio. Estos Santo Padres hicieron una especie de popurrí incorporando misterios que eran muy del gusto de la época, como eran los misterios de Mitra, que tenían mucho predicamento entre las legiones. Pero ha habido otros investigadores independientes que han demostrado que gran parte de los milagros, correrías y andanzas de Jesucristo y de su doctrina son egipcios, y están en los textos sagrados egipcios.

Supongo que es consciente de que al editar un libro como este le van a tachar casi de loco...

-De loco, no. Anteriormente, sin poner sobre la mesa las pruebas que aporto en este libro, recibí múltiples críticas y grandes rechazos, especialmente del sector más conservador ideológicamente hablando. Pero es que en este libro aporto pruebas diferentes y que, además, están los Evangelios, de forma que todo el que quiera puede leerlas.

Antes de meternos de lleno en las citadas pruebas, ¿cree que la Iglesia como institución es consciente de lo que usted afirma, de que el Cristianismo es una religión inventada?

-Estoy convencido de que sí porque ha habido modificaciones de los textos del Nuevo Testamento para ocultar las pruebas. Por lo tanto, tiene que saberlo, por lo menos desde hace 150 años.

¿Ha tenido alguna respuesta oficial por parte de la Iglesia a sus tesis?

-No, y hacen bien en guardar silencio y esperar a que pase el chaparrón. Lo contrario sería darle valor.

Las pruebas a las que usted hace referencia se basan principalmente en las firmas ‘escondidas’ que los autores colocaban en los textos para que los lectores pudieran discernir si los textos eran originales o auténticos. Entre estas firmas destaca principalmente una muy curiosa, Simon.

--Simon no es nadie y digamos que he tenido mi propia evolución con esta firma, que es la prueba definitiva o concluyente. Al principio, no sabía si el acróstico era por pronunciación o escrito. Finalmente, he llegado a la convicción de que es por texto. Simon, el nombre, se escribe con omega, en cambio, tal y como aparecen en las firmas es con ómicron, y por lo tanto significa cuento, patraña o bulo. Es decir, mentira pero con cierto aire de ironía o sorna. Eusebio puso esa firma en los textos que eran patraña. Mientras que Lactancio estaba convencido de que debía defender y promocionar la nueva religión. Lo que sucede es que Lactancio murió antes y Eusebio de Cesarea, en los evangelios que había escrito Lactancio, añadió varios capítulos en los que coló la firma maléfica de Simon.

Por centrar la trama, ¿quién escribió los cuatro evangelios oficiales?

-Cronológicamente, Eusebio escribió Marcos, y puso firmas de Simon, acrósticos, en todos los capítulos. Después, Lactancio copió de este primero los de Lucas y Mateo, que son los evangelios sinópticos, porque son muy parecidos. Y, finalmente, Eusebio se inventó el de Juan haciéndolo completamente distinto de los tres anteriores.

Y, ¿qué sucede por lo tanto los evangelios apócrifos?

-Los evangelios apócrifos son claramente posteriores, sobre el año 350-390, y lo que hacen es rellenar los huecos en los que los evangelios oficiales no decían nada. Además, son evangelios que no contienen doctrina auténtica, son más bien milagritos y discursos del gusto de la gente.

Si todo lo que dice en el libro es cierto, se carga literalmente siglos de doctrina y filosofía en Occidente.

-Lo que es falso es falso. Y si se puede demostrar, ya no es cuestión de teorías o hipótesis, son realidades. Lo que sucede es que, para mí, la civilización occidental se basa en el Helenismo no en el Cristianismo, que es anterior y mucho más profundo. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer es recuperar las raíces de nuestra civilización y no girarla a una fanática.

Lo complicado de explicar es que todas estas pruebas que cita, y que le han costado 20 años de investigación conseguir, se basan en la forma de escribir los Evangelios, en su estructura y en las citadas firmas. ¿Qué es lo que hacía reconocible esa forma de escribir los textos como para discernir entre unos falsos y otros auténticos? ¿Cómo sabemos que esas firmas fueron colocadas a posta para evidenciar la falsedad y no son mero resultado del azar?

-En la antigüedad, los escritos se copiaban, y eso implicaba que en las copias se dieran equivocaciones o que incluso se colocaran interpolaciones intencionadas para desvirtuar el escrito original. Para evitar esto, los primeros escritores de los que se tiene constancia, como Hesiodo y Herodoto, se inventaron una forma de escribir que asegurara al lector que aquello que leía era el texto original. Y para ello convirtieron sus textos, sumando las palabras de cada frase, en una sucesión de números. Es decir, todos los escritores, incluso Virgilio y Horacio, tienen también esta sucesión de palabras convertidas en números. Sin embargo, Lactancio, que era profesor de retórica, formaba estructuras complicadísimas, que yo no he encontrado en nadie más, por eso le llamaban el Cicerone español, pero como era bastante ingenuo, cometió el error de que su fabulosa estructura la colocó en todos los escritos de todos los autores que inventó. De esa forma, la misma estructura está en Mateo, en Lucas o en las cartas de Pedro o de Judas, que son las cuatro obras de Lactancio además de las cartas de Pablo.

¿Cómo podemos saber que Lactancio inventó esas historias y no fue un historiador que simplemente relataba unos hechos?

-Constantino es el emperador que favoreció el Cristianismo. Lactancio fue el preceptor de su hijo y Eusebio fue el que escribía los discursos. Basta también con leer la obra de Lactancio Instituciones divinas para saber su mentalidad, que está reflejada idénticamente en estos evangelios. Sin embargo, Eusebio era un maestro del conocimiento, capaz de escribir doctrina auténtica, que está en los Evangelios, aunque luego fuera interpolada y deformada, es decir, oculta. Hay que tener capacidad de distinguir la verdad de la falsedad para poder enjuiciar los Evangelios, que son libros ideológicos.

Pero, repito, ¿cómo sabemos que es un relato inventado y no unos hechos referentes a Jesucristo que a él le contaron y posteriormente los transcribió?

-Por ejemplo, cuando uno en el año 400 escribe de personas que sufrieron martirio en Mérida en el año 300, está comprobado que es falso por los datos intrínsecos del relato. Por poner otro ejemplo, un relato en el que se hace referencia a un personaje que existió y que no dejó huella en ningún otro sitio que no sea la memoria de Lactancio, y digo memoria entre comillas. Es un relato inventado. Los argumentos están en el libro, y me han hecho falta 800 páginas para plasmarlos, por lo que difícilmente puedo resumirlos en unas líneas de conversación.

¿Qué le llevó a un ingeniero industrial a meterse en este ‘fregao’ de investigar los evangelios?

-Porque al margen de ser ingeniero industrial, yo era un ser humano, que tenía sus inquietudes. Y en un momento determinado, a mis 40 años, a raíz de una conversación, me di cuenta de que podía estar engañado y no me quería morir engañado. Yo quiero saber realmente cómo son las cosas, qué hay después de la muerte, a qué nos enfrentamos, el sentido de la vida y quiero comprobar si lo que me contaron mis padres, cuando era pequeñito y no tenía defensas mentales, era cierto. Y como ahora las tengo, pues las voy a emplear, y eso es lo que me llevó primero a leer los textos en castellano. En esa primera lectura noté que había muchos absurdos, por ejemplo, el Evangelio de Juan tiene pasajes muy profundos y bonitos y, sin embargo, el Apocalipsis, que son una sarta de barbaridades una detrás de otra enlazadas con hilo de plata, también se decía que era de Juan, ¡y eso no puede ser! ¡Eso repele a cualquiera que tenga dos dedos de frente! Y sin embargo todo el mundo lo aceptaba.

Por lo tanto, ¿llevamos casi 2.000 años viviendo y rigiéndonos por una colección de mentiras?

-Sí. Lo malo es que en los evangelios cristianos hay moral elemental, que es la que obnubiló a Lactancio, porque él no practicaba nada de eso y es la que está en las epístolas de Pablo. Pero luego hay un 80% de barbaridades y un 10%, oculto y mal traducido del conocimiento de Eusebio. Lo malo de la doctrina falsa que hemos seguido durante 17 siglos es que tapa el conocimiento con mayúsculas de los griegos, que es la doctrina que permitiría a Occidente evolucionar y no ser un niño en ideología.

¿Esto quiere decir que los milagros de Lourdes, San Fermín o San Saturnino también son falsos o inventados?

-Depende de que sean anteriores o posteriores a Nicea. Si son anteriores, como San Fermín o San Saturnino, no existieron. San Saturnino dicen que era discípulo de San Pablo, y si San Pablo no existió... Como tampoco existió Santiago Apóstol. Si son posteriores, sí existieron... Eso sí, que sean santos... Es la Iglesia la que decide quién es santo, y por lo tanto lo que hace es premiar o favorecer la falsificación y el montaje. Luego hay santos que realmente han hecho cosas en favor de sus congéneres, como San Francisco de Asís, que era un buen monje que hizo mucho por la gente de su entorno, en este sentido digamos que no me molesta que lo nombren santo y lo pongan en un altar.

¿La Iglesia está condenada a sucumbir finalmente ante esta ‘mentira’ que usted relata?

-Creo que la Iglesia tiene una oportunidad de pervivir, pero para eso debe desechar todo lo que es Lactancio y coger el conocimiento de Eusebio. Pero no es un conocimiento divino, no es algo que Dios haya dicho, que no me vengan con cuentos.

jueves, 15 de noviembre de 2018

COPLAS A LA MUERTE DE MI HERMANO


COPLAS  A LA MUERTE
DE MI HERMANO

JOSÉ LUIS GONZÁLEZ CORRO

18-02-1950  +15-10-2010

Comenzaba el estío y
El mundo se abrió a mis pies,
De los labios de tu hija
Aterrado yo escuché,
Que te quedaban tres meses
Que a lo sumo serán seis,
¡Que crueldad de la vida!
Cuando el júbilo preparas
Después del duro bregar,
Un cangrejo miserable
Te pone el punto y final.

Y a partir de este momento
Seguiré yo este relato
Aunque no tenga recursos
Para hacerlo tan hermoso
Como merece mi hermano

Cerca del Espigüete,
Aquí en la villa de Guardo,
Vimos la primera luz,
Y ahora tú te irás hermano
No se cuando lo haré yo
Pero no será lejano

Y cuando eso suceda
Mis cenizas volarán
En los Campos de la Peña,
En Corcos y en San Miguel.

No veo mejor lugar
Que sitio tan elevado,
Que sin duda puerta es
Del  descanso anhelado.

Y si el descanso no alcanzo,
Al menos yo volaré
Por los montes de mi Guardo
Acompañándote a ti,
Y a todos nuestros paisanos.

No parece vanidad
Anhelar la eternidad
En el lugar más amado.

Es muy triste depender
De una fecha fija y cierta
Y fenecer.

Y si miro para atrás
Y veo que no has vivido
Los gozos que otros tuvimos

Sin dudar debo pensar
Que la vida no fue justa
En tu lugar.

Pero más terrible es
Hacerme el bobo y callar
Cuando te oigo decir
Que pronto te curarás

Y sentirme tal cuan Dios
Conociendo de antemano
Que la muerte te llevará,
Sin darte tregua, hermano,
A descansar.

Un “ruco” de Almanza
Fue eslabón de tu linaje,
Que te precedió en el viaje
A manos de unos salvajes,
Que so pretexto primero
De salvar al paisanaje,
Se envolvieron en el traje
De un caudillo infernal,
Que a nuestra España sumió
En contienda fraternal
Todo para acabar muy mal,
En un gran baño de sangre.

A tu abuelo fusilaron
Por ser hombre cultivado,
A tu tío, libertario, despeñaron,
A tu padre, por menor, salvaron.

Nos arrancaron sus vidas
Forjando nuestra indigencia.
Unos, por valer muy poco,
Por muy bajos y vencidos,
Otros que, por practicar,
Los oficios prohibidos,
Se mantienen en mandar,
En España… su solar.

Quien vence escribe la historia
Pero no pueden callar
Los ecos de la memoria
De los que vieron morir
A sus padres, a sus hijos,
Dejando huella indeleble
Y el espíritu rebelde
De quien la vida empleó
En poder compaginar
Igualdad con libertad

Al garrotillo venciste,
Mas nuestra madre entendió
Que obrado por Santa Rita
Un milagro te salvó.

Viviste como quisiste,
Protegido por los padres,
No tuviste ataduras.
Yo viví mas controlado,
Era el listo y resabiado,
Tú el torpe asilvestrado.
En mi soberbia entendía
Que para poco valías.

Un Caín para ti fui,
No te dí con la quijada, pero,
Cuando más falta te hacía
Pudiendo como podía
Yo nada hice por ti.
En mi torpe razonar
Me parecía indecente,
El apoyar yo a mi gente.

Cuando volví a tu lado,
Cuenta me di de mi error,
Pude triunfar en la vida
Pero en vivir día a día
Tú ganaste más que yo,
Tuviste el cariño de todos
Y yo despejé mi error…
Fui un simple perdedor.

Hace más de cinco siglos,
El vate Jorge Manrique,
A la muerte de su padre
Unas coplillas cantó.

Nadie recuerda a Rodrigo,
Gran maestre de Santiago
A quien el hijo elogió,
Pero a quien cantó sus gestas,
El verso inmortalizó.

En la muerte de mi hermano
Emularé yo a Manrique,
Pues mi dolor no es menor,
Aunque sea yo un alfeñique.
Más no quiero que mis coplas
Sirvan un día lejano
Para recordarme a mí,
Olvidando a mí hermano.

Invocaré yo a los dioses,
Y a poetas y escritores.
Invocaré a la verdad
De una vida que al final,
No supimos valorar
Hasta que ésta se va.

Muy grato seria pensar,
Que la vida es camino
Con una meta final,
Que puestos en el camino
Siempre se llega al lugar,
Donde todo es muy hermoso
Y podremos descansar.

Más no se debe olvidar
Que el camino no es eterno
Y todo tiene un final,
Que por mucho que camines
De pronto te pararás.

Alguno puede creer,
De acuerdo con cierta fe,
Que al cielo puede acceder
Por su condición humana,
Porque Dios se humanizó
Para librarnos del cieno.

Pero no reparan ellos
Que la Gloria solo existe
Para el servidor del siervo,
Que amar a Dios vale poco
Si no se ayuda de aquello.
El que ama al enemigo,
Más cercano está de ello.

Si estuviera en nuestra mano
nuestro espíritu glorioso,
como podemos hacer nuestro
Cuerpo vigoroso.

¡Que diligentes y prestos
Seriamos a todas horas!
Librando al alma cautiva,
Dejando a la muerte altiva,
Descompuesta y aburrida.

Más diligencia no basta,
Es cuestión de caminar,
Con presteza, en línea recta,
Y no variar.

Bien poco deben valer
Los anhelos terrenales,
La vida toda empleamos
En lograrlos, y cuando,
Al fin, los alcanzamos,
Nos sentimos defraudados,
Mudando nuestro interés
A otros bienes mundanales,
Cuando solo en realidad
El transcurso de la vida
Nos puede bien demostrar,
Que nada vale al final.

Nunca tuviste fortuna
En tu vida ni en tu hacienda,
Enviudaste muy temprano
Quedando muy ocupado
Con dos hijos a tu cargo.
Que ahora acompañarán
A depositar tus restos
En la fosa, con tu esposa.

La vida pasa deprisa,
Y ahora podrás gozar
Por toda la eternidad
Lo que el tumor infernal
Rompió entonces sin piedad.

Terrible casualidad
Que la vida terrenal
Truncada por aquel mal
Se revierta en eternal
Ahora del mismo modo.

No tuviste mas placer
Que el del humo hechicero
Que a unos llena la bolsa
Y a otros…, manda a la fosa.

Mas los placeres de acá
Son ligeros como el humo,
Se escapan entre los dedos,
Y cuando parecen ciertos,
No miramos nuestro daño,
Nos lanzamos desbocados.

Atajos a la gloria parecen,
Pero son una celada
Urdida por la canalla,
Y cuando vemos la trampa
Y queremos dar la vuelta,
No ha lugar.

Ya no hay reyes poderosos 
como en las eras pasadas.
Mas los señores grandiosos,
Que hoy nos enseña la tele,
Creen estar bien al margen
De las penas de la gente.

Pero muy a su pesar,
La muerte con su guadaña
No les hace distinciones,
Siega y siega por igual

Las cabezas de los pobres
Y de los grandes señores 

Tu no tienes quien ensalce
Los honores de tu grado.
No hiciste actos famosos
Que no fueran tu trabajo.
Más… nadaste en el Carrión
Con la fuerza de un tritón
Como el mejor campeón
Que aquellas aguas surcó.

No mataste sarracenos,
Para quitarles sus tierras,
No robaste sus caballos
Ni usurpaste sus haciendas.
No te otorgaron honores
No fuiste conde ni noble
Producto de grandes gestas.

Amigo de tus amigos,
benigno con enemigos
razonable con tozudos,
con los bravos y dañinos
¡un ciclón!

A lo que si te atreviste
Fue a sentarte en la tajuela,
Para limpiarle las botas
Al que así lo pretendiera,
Había que tener valor
Para ganarse la vida
Con tan baja profesión.

Fuerte como un león eras,
Más tan solo en un momento,
La fuerza te abandonó.
Temprano te has convertido,
Hermano en un anciano,.

Tu semblante imponente,
No impresiona ya a la gente.
Todo parece el final o,
Acaso tu voluntad,
Pudiera vencer al mal
Y volver todo a empezar,
De repente.

Solo un milagro podría
Vencer al horrendo mal
Retrasando ese día
En que todo acabará

Ahora, mientras espero
Que todo se arregle, sueño,
Y mi sueño es anhelo
Para evitarme este duelo.

Es muy triste esperar
Viendo a tu hermano enfermar,
Cada día mas y mas,
Sin poderlo remediar.

Y a sus hijos sin consuelo,
Y a tu madre sollozar
Mientras reza sin parar,
Para poder evitar
El tan terrible final.

Quizás el río Carrión
No arrastre nuestra tragedia
Y así no acabe en el mar
Que es la muerte.

Que tu vida y la mía
Sean semillas fecundas
Que frutos hagan brotar
De bondad y libertad
En nuestros hijos queridos,
Que ese es camino seguro
Hacia la eternidad.

Piensen los que nos sucedan,
que miren atrás y entiendan,
Que el saber y la cultura
Son en si una estructura
Que nos une al pasado
Pero cimienta el futuro.

Que la vida pasa y mueres
Pero no es ese el final,
si aprendemos de los otros
Y no perdemos el tiempo
En ciegos vanos y placere
llegaremos a entender,
que todo tiempo futuro, 
es mejor…

Y así han pasado los días
Y ahora se confirmó
Que solo cien días
Ha durado mi agonía
De ver finalizar tu vida
Según mi relato anterior.

No creo en el mas allá,
Aunque la muerte sea cierta
Tú no has muerto hermano,
Mientras viva nuestra estirpe
Tu estarás a nuestro lado.

Aunque poco crea yo,
Una oración por tu alma
No te perjudica a ti
Y consuela mis entrañas

¡HASTA SIEMPRE HERMANO!
ELOY GONZÁLEZ CORRO
15-10-2013

lunes, 18 de junio de 2018

DE LA IMPERFECCIÓN Y LA VIRTUD SOCIAL

              EL QUE NO VE

Vivo en una sociedad donde se tiende a la perfección en todas sus formas. Los deformes, tullidos, malformados, deficientes,…, no tienen cabida. Los expertos han establecido que el cuerpo debe medir siete veces la cabeza. Así, el ideal de hombre es alto y musculoso. Atlético, de piernas largas y con mucho cabello. Debe tener ojos amplios y una nariz y mandíbula poderosas, junto a una boca pequeña.
La mujer, por el contrario, tiene que tener miembros pequeños y ser delgada, pero con anchas caderas y muslos generosos. Mejillas y mentón ovalados, con senos pequeños y bien torneados. Las grasas y los pechos voluminosos están mal vistos.
Vivo en Grecia y desciendo de esclavos prisioneros de guerra. Son los encargados de las tareas domésticas para exonerar a los ciudadanos libres de los trabajos cotidianos. Así pueden dedicarse a la meditación y a la creación intelectual.
El nacimiento de un hijo siempre es una buenaventura para la familia. Pero mi alumbramiento traía consigo el castigo de los dioses. Me pusieron por nombre “El que no ve” y me escondieron de los ojos curiosos que querían conocerme, porque nací sin futuro y sin esperanza.
Al poco, llegó a casa de mis padres un heraldo. Era portador de la noticia que llevaban esperando pero que no querían ejecutar hasta que no hubiera más remedio. Se les conminaba a presentar a su hijo, o sea, a mí, ante el consejo de ancianos. Era el encargado de revisar a los recién nacidos, que no tuvieran tara alguna, porque la imperfección no tiene cabida en la cuna de la perfección y del número áureo.
Mi destino, como es lógico deducir, era el de ser pasto de los animales del bosque o de los monstruos marinos, al igual que el resto de tarados, defectuosos y discapacitados. Acababan de crear vida y acto seguido se enfrentaban a la muerte. Tremenda contradicción.
Se negaban a desprenderse de mí de aquella manera tan miserable. Con lágrimas en los ojos decidieron que querían conservarme. Acordaron que en lugar de presentarme, me buscarían un sustituto. Su mayor preocupación en los días siguientes fue encontrar un bebé que ocupara mi lugar ante el consejo. Nadie quería prestarse a semejante juego, y menos con una familia de esclavos, pues lo consideraban un engaño a la sociedad.
Buscaron y buscaron. Recorrieron los barrios extramuros, pero en vano. A medida que pasaban los días las posibilidades se reducían y los poblados a los que recurrir disminuían. Como último recurso, mi padre tomó un puñado de dracmas que había conseguido como esclavo artesano y se los ofreció a una familia con un bebé que apenas llegaba al mes de vida. Un varón robusto, de abundantes y sonrosadas carnes, de mirada despierta y manos juguetonas, de pequeñas y torneadas piernas.
Se mostraron reticentes al trueque. No alcanzaban a comprender que pudieran ganar aquella cantidad de dinero solamente por dejar su bebé a un desconocido durante una mañana.
Para que no hubiera ningún contratiempo convinieron que la madre del impostor fuera quien acompañara a mi padre y se hiciera pasar por su esposa. De esta manera, el niño no extrañaría al encontrarse entre desconocidos y si lloraba sería consolado sin dilación.
El dinero les sería entregado una vez consumado el engaño y siempre que el consejo diera el visto bueno. Ya tenía un doble. Me había convertido en un ser distinto con muchas posibilidades de sobrevivir a pesar de mi defecto, la ceguera. Ya no era un discapacitado.
Pero mi destino era la oscuridad, no solamente por mi invidencia, sino porque a los ojos de los demás no existía, al menos hasta que tuviera cierta edad.
El matrimonio de conveniencia, con el niño en brazos, se colocó en la fila que se aproximaba al monte Pyrgos. Era la revisión de los recién nacidos. Los ancianos, en la plaza, tomaban a los pequeños en sus manos y los examinaban con detenimiento, prestando especial atención a los varones. Si en alguno de ellos detectaban la menor discapacidad era inmediatamente desechado, como ocurrió con un par de ellos.
Las recomendaciones para ejecutar el infanticidio, en ambos casos, fue idéntica:
¬ Os aconsejamos que os deshagáis de vuestro hijo. Ha sido castigado por los dioses con una cabeza que excede de lo normal. Lo más lógico es que lo depositéis, como viene siendo costumbre, en una vasija y lo abandonéis en el monte o bien lo arrojéis al mar desde el acantilado. En caso de que no reunáis las fuerzas suficientes para llevar a cabo este cometido, debéis dejar que seamos nosotros quienes nos encarguemos de todo.
La fila fue reduciéndose hasta que me tocó el turno, bueno, el de mi doble yo. Mi falsa madre no levantaba la cabeza del suelo, mientras que mi padre adelantó la barbilla en una actitud desafiante como si perteneciera a la categoría de ciudadanos libres. Una vez que fui examinado y devuelto al regazo materno también hubo recomendaciones para mí:
¬ Sabed que vuestro hijo, a pesar de ser varón y estar sano, no podrá entrar a formar parte de nuestro ejército, debido a que vosotros no sois ciudadanos. Las normas exigen que los descendientes de esclavos no sean admitidos como soldados dado que vuestro valor no está lo suficientemente contrastado.
Mi madre adoptiva se llevó a mi hermano de destino y se quedó con el dinero de la recompensa. Nunca volveríamos a ver ni a saber nada de aquella familia.
Mi padre desanduvo el camino hasta nuestra casa, el humilde hogar de un esclavo libre dedicado a la artesanía. Halló a mi madre cantándome una nana mientras hacía esfuerzos para que no se le escaparan las lágrimas observando mi ceguera. Las muestras de amor entre el matrimonio no eran frecuentes, pero nos abrazó y besó a ambos. Todo había salido bien.
Mi infancia estuvo encaminada a que pudiera valerme por mí mismo. Y mi madre jugó un papel importante. Era un niño débil, sí, pero con una mente despierta, que aprendía rápidamente.
Dicen que podía repetir, sin equivocarme, historias de mundos fantásticos e imaginarios que mi madre me contaba, de tiempos en los que sus antepasados vivían como hombres libres, lejos, muy lejos de aquella pequeña isla de Íos, donde fueron traídos como esclavos. Recuerdan que mi imaginación desbordante era capaz de añadir a la propia historia retazos fantásticos donde los dioses y los héroes se fundían en perfecta comunión y en batallas difíciles de reproducir.
Cuando cumplí siete años, tuve le primera experiencia con alguien que no era del entorno familiar o vecinal. Fue el maestro encargado de educar a los niños. Cuando me vio aparecer de la mano de mi madre y observó mi ceguera me rechazó inmediatamente, alegando “¿qué puede aprender un niño débil y ciego, hijo de esclavos?”.
Mi madre agachó la cabeza, me tomó de la mano y me devolvió a la oscuridad de la vida rutinaria. Antes, por el camino, me hizo una promesa: “Yo haré de ti un hombre de provecho”. ¿Qué podía enseñarme aquella mujer analfabeta cuya cultura se reducía a las tareas domésticas y a tejer lana para fabricar prendas de vestido?
A partir de ese momento, cada día, mientras trajinaba por la casa, comenzó a narrarme historias fabulosas que yo iba reteniendo en mi virgen memoria. Y así un día y otro y un año más, añadiendo sabiduría popular a la mente infantil. Siendo la música una enseñanza indispensable, mi padre, artesano como era, ideó y me construyó un phorminx, una especie de lira de cuatro cuerdas, con la cual me fui familiarizando, pues el agradable sonido, para un ciego, era el alivio del alma.
Al poco tiempo podía recitar todas aquellas fábulas acompañado de mi instrumento de música. Pasados los años, a la puerta de la humilde casa familiar tuve la osadía de narrar a unos pocos aquellas historias de seres fantásticos y de héroes a medio camino entre los dioses y los mortales. Me había convertido en un aedo, en un ciego que recitaba lo que antes nadie había cantado. El éxito fueron los aplausos de quienes me escucharon
Salí de mi pueblo para dar a conocer la tradición oral que mi madre me había transmitido. Sentía la necesidad de que otros conocieran aquellos bellos hechos, por lo que no me quedó más remedio que ayudarme de un lazarillo, un joven avispado que, al contrario que yo –analfabeto-, sabía plasmar sobre el papiro lo que le dictaba. Con ritmo musical, para que en todo momento resultara sonoro, los versos se iban ajustando a la melodía para conformar un cuerpo perfecto, lo que demandaba la sociedad de aquellos años, la perfección.
Así es como nacieron mis dos obras más conocidas, La Ilíada y La Odisea.
Mi nombre, tal y como indica mi ceguera, es Ho Me Horón, el que no ve, aunque en griego se me conoce como Hómeros y he pasado a la posteridad como Homero.

lunes, 7 de mayo de 2018

O CON UNOS O CON OTROS

El  PSOE, un partido de clase.

“O con unos o con otros, o con los trabajadores o con el capital pero no con ambos a la vez”. Esta es una frase del fundador Pablo Iglesias que hoy cobra actualidad.

Ya en 1754,  Rousseau argumentaba que “el primer hombre al que,  tras haber cercado un terreno,  se le ocurrió decir: Esto es mío… y encontró a gentes lo bastante simples como para hacerle caso,  fue el verdadero fundador de la Sociedad Civil.  La propiedad privada y el derecho han creado un abismo entre dos “clases“ jerárquicamente diferenciadas entre sí: la clase de los propietarios,  de los poderosos, de los amos,  frente a la clase de los no propietarios,  pobres o esclavos.

Siguiendo a Marx,  nuestra época no ha eliminado el antagonismo de las clases;  lo ha vuelto más simple,  ya que la sociedad se va escindiendo cada vez más en dos grandes campos enemigos:  la burguesía y el proletariado.

La burguesía es la clase de los modernos capitalistas,  son los propietarios de los medios de producción,  los patrones de los asalariados y los que utilizan el sistema financiero para apropiarse de sus inmensos beneficios,  incluidos aquellos producidos por la fuerza del trabajo.

El proletariado es la clase moderna de los asalariados,  que no son propietarios de los medios de producción,  y que se ven obligados a vender su fuerza laboral para subsistir.

Para la corriente de pensamiento marxista, la explotación del capitalismo sobre el proletariado es un hecho. Y el poder entender esta situación como derivada de la lógica del antagonismo fundamental de clases,  es conciencia de clase.

En 2013 se proyectó en la Berlinale, certamen cinematográfico de cierta importancia en la capital alemana y en toda Europa,, una película documental del director de cine Ken Loach, titulada “El espíritu del 45”.

No hace falta presentar a Ken Loach, que es un gran director de cine comprometido políticamente y que hace del arte un arma emancipatoria. Y lo hace muy bien, con historias interesantes y verídicas. En esta ocasión utiliza el formato de documento. Nos describe lo que pasó en el Reino Unido desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad. Nos lo dice de manera sintética, objetiva pero no imparcial. No se puede ser neutro cuando se quiere explicar lo que ha ocurrido en un país en más de medio siglo. Se puede ser fiel a los hechos y a los procesos, pero seleccionando lo fundamental desde una determinada perspectiva. La perspectiva de Loach es que estamos en un sistema capitalista y que la lucha de clases existe. Que los gobiernos toman decisiones y lo hacen siguiendo criterios de clase, es decir, defendiendo los intereses de una determinada clase. Los Estados defienden, en principio, los intereses de las clases dominantes que son, en el capitalismo, los que detentan el poder económico.

Loach nos recuerda verdades simples, que a veces no conocemos u olvidamos.

La primera es, que siendo el Reino Unido la potencia hegemónica en el Sistema-Mundo Capitalista, antes de la Segunda Guerra Mundial, tenía a la inmensa mayoría de la población en condiciones de vida miserables, los obreros y sus familias y, aún más, la inmensa cantidad de parados que había en el país. No había ni enseñanza ni sanidad pública, por ejemplo.

Que cuando los soldados británicos que volvieron de la Segunda Guerra Mundial, en su mayoría obreros, volvieron del frente no lo hicieron para volver a la situación anterior, porque habían ido a la guerra no sólo por patriotismo sino para luchar contra el fascismo en nombre de algo mejor. Y este algo mejor no era lo que tenían. Tenían ganas de cambiar su mundo y lo hicieron. Este fue el espíritu del 45. Tenían además un instrumento político, el Partido Laborista… Como las clases dominantes tenían el suyo, el Partido Conservador. Pero volvió a ganar el Partido Conservador y fue desmantelando todas las conquistas de los trabajadores. En estas estamos, desgraciadamente.

La película lo muestra muy bien, las imágenes son muy verídicas, y  la música ayuda a crearse un ambiente adecuado.

Pero la pregunta es clara:  ¿Porqué las clases trabajadoras votaron a Margareth Tatcher?  ¿Porqué cavaron su propia fosa?.

Lo primero que hay que decir es que, seguramente, no fueron los mismos que votaron al Partido Laborista los que votaron al Partido Conservador. Fueron sus hijos. Tal vez porque ya daban por seguro lo que tenían (sanidad pública, educación pública, transportes públicos…) y ni se plantearon que podían perderlo.

Pero lo importante es que aparece, con Margareth Tatcher, el neoliberalismo. Ya no se trata del antiguo mensaje del Partido Conservador de que las clases sociales son naturales y hay que aceptarlas. Los jóvenes trabajadores ya no pueden creerse esta ideología. De lo que se trata es que aparece una nueva ideología: la del individualismo, la competencia, la iniciativa, el responsabilizarse de sí mismo y no confiar en la sociedad ni en el Estado. Eso sedujo a los votantes.

Y ahora el problema de la izquierda es que, o se ha dejado absorber por esta ideología ( como el propio Partido Laborista, convertido en partido de clases medias y dirigido por ellas) o se mantiene una actitud despectiva, como hace la izquierda más dogmática.  La cuestión sería ser capaz de retomar algunos problemas planteados por el neoliberalismo (los abusos y la picaresca en un Estado paternalista, la burocratización de los sindicatos…) y valores (la responsabilidad individual, la autonomía individual) para insertarnos de manera equilibrada en una propuesta de izquierdas.

Hay una frase muy hábil de Obama pronunciada no hace mucho tiempo: “O subimos los impuestos a quienes más tienen o recortamos el gasto sanitario a los ancianos. Esto no es lucha de clases, son matemáticas”. La frase es hábil porque saca el debate de lo ideológico hasta reducirlo a una simple cuestión técnica, tan indiscutible como que dos más dos son cuatro. Obama utiliza la fuerza de su rival  -ese Tea Party que le retrata a él como un comunista peligroso-  para hacerle caer al suelo. Punto para el karateca.  Pero, ¿de verdad ya no hay lucha de clases?.

Otra cita, ésta del multimillonario Warren Buffett: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando”.  Baffett también usa las matemáticas para demostrar que las grandes fortunas en EEUU pagan hoy menos porcentaje en impuestos que sus secretarias. Es un drama universal: en la mayoría de los países prósperos, según la OCDE, ha aumentado la desigualdad económica durante las últimas décadas, casi a la misma velocidad con la que han menguado los impuestos para los multimillonarios.

Puede que la terminología marxista suene hoy a vieja, y que toda la sociedad se considere clase media.  Ese es otro éxito ideológico de la derecha. Pero ese mundo que algunos dibujan, donde no hay ni pobres ni ricos, ni tampoco diferentes intereses entre las clases sociales, es aún más irreal que la utopía comunista.

Hay un interesante artículo publicado por el Catedrático de Economía VicenÇ  Navarro, en la revista “Temas para el Debate”,  en el que se cuestiona la percepción que se promueve en los mayores medios de información españoles,  de que la mayoría de la ciudadanía pertenece a las clases medias.

En él dice que una de las características de nuestro tiempo, en el que vivimos bajo la hegemonía del pensamiento liberal, es la desaparición en los análisis y narrativas de la estructura social de España, de cualquier referencia a la existencia de clases sociales. Términos como burguesía, pequeña burguesía y clase trabajadora han desaparecido del discurso oficial del país, tanto en los medios de información como en los foros políticos. En su lugar, el término utilizado es el de la clase media, que aúna a toda la ciudadanía que va desde la persona casi rica a la casi pobre, incluyendo así a la gran mayoría de la población. En este nuevo esquema, la nueva estructura social está constituida por los ricos, la clase media y los pobres.

La manera de alcanzar dicha conclusión es preguntando a la nación si se considera de clase alta, clase media o clase baja. Puesto que el encuestado asume que clase alta son los ricos y clase baja los pobres, la gran mayoría contesta clase media, respuesta que carece de valor analítico, pues sólo indica que la mayoría de la población no se considera ni rica ni pobre.

El objetivo es uno y de gran relevancia. El intento de que desaparezca la conciencia de clase entre la clase trabajadora (que constituye la mayoría de la ciudadanía), transfiriendo el debate político al mundo del consumo, dividiendo a la población sobre sus ingresos y consumo, y distanciado ese debate del mundo de la producción y de la distribución de bienes y servicios.

Parece estar claro claro que más del 90% de la población, a través del mensaje neoliberal, se ha dividido en distintas clases sociales, que tienen intereses distintos y que hay que compatibilizar dentro del proyecto transformador, teniendo en cuenta que las clases trabajadoras tienen mayor vocación transformadora que las clases medias (al estar más explotadas).

La posición de clase no depende de los ingresos, sino de la relación con los medios de producción, es decir, quienes poseen los medios de producción son la clase dominante (burguesía) y los que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir son la clase dominada (proletariado).

No ser sensible a esta diferencia está llevando a las izquierdas políticas a un desastre, como estamos hoy viendo con gran número de partidos socialdemócratas, que están perdiendo sus bases electorales. Sus constantes referencias a las clases medias (Zapatero en su discurso de candidatura utilizó el término clases medias 18 veces, sin nunca utilizar el término clases trabajadoras), explican el creciente distanciamiento de las clases trabajadoras hacia la dirección de estos partidos, con un número preocupante apoyando partidos contestatarios radicales de ultraderecha. Parece no caber duda, que el fascismo de base popular en Europa, es un indicador más del fracaso de los partidos socialdemócratas.

Estos amarguísimos tiempos que corren para las clases trabajadoras, en general, se hacen doblemente amargos para los militantes socialistas que, dos años después de la derrota electoral de 2011, y a pesar de la tremenda indignación popular provocada por las políticas regresivas y antisociales del PP, vemos como nuestro Partido no sólo no recupera la confianza de los ciudadanos, sino que, día a día pierde más afiliados, simpatizantes y votantes. Lo constataremos en las próximas elecciones europeas.

Y es lógico que así ocurra, porque este Partido no le plantea a la sociedad auténticas alternativas al neoliberalismo imperante. Los ciudadanos no ven diferencias esenciales entre las recetas neoliberales del PP, y los parches y remiendos a esas recetas que estamos planteando nosotros. La ciudadanía está cansada de oír decir que debe hacerse aquello que no se hizo, a los mismos que no lo hicieron cuando gobernaron.

La dirección del Partido parece estar anclada en la inacción, enrocada en dejar pasar el tiempo, a ver si el tiempo nos trae soluciones y una nueva oportunidad para gobernar. Estamos instalados en una “oposición responsable”, dicen que para demostrar que somos un “partido de gobierno”. ¿Para demostrárselo a quién?. Parece que la obsesión de la dirección del Partido es gobernar; pero lo importante de gobernar es saber para qué se gobierna. El gobierno no puede ser un objetivo en sí mismo, sino simplemente una herramienta para conseguir arribar a una sociedad socialista. Para hacer otra cosa, mejor es que no gobernemos.

La emancipación de las clases trabajadoras, no sólo del cáncer social de la explotaciónsino de la discriminación y el dominio, constituye la tarea fundamental de un espacio socialista, (partido, colectivo, sindicato o asociación). Sabemos que el socialismo, como proceso secular de liberación del capitalismo está, en muchos sentidos, por inventarse y que será una tarea heroica construida colectivamente por las clases trabajadoras, los intelectuales y los nuevos movimientos “emancipatorios”.

Es un desafío enorme que determinará toda una etapa histórica. El siglo XX podrá ser visto como el fracaso del socialismo (y directa o indirectamente por el triunfo del capitalismo), o bien como una experiencia frustrada de una sociedad alternativa. Sin embargo, este siglo XXI que tan convulsamente estamos iniciando, puede pasar a la historia como el del gran estallido revolucionario, que marcó el inicio del largo camino de construcción del socialismo. Y esto no es sólo una cuestión de convicción moral sino que será obra de las luchas sociales, de la autoorganización de los trabajadores y clases populares y de la capacidad para elaborar objetivos “emancipatorios”, críticos con lo existente y capaces de creer en una esperanza que puede ser posible.

Esto dependió y dependerá siempre de las personas, de las clases y de la voluntad creadora.

El Socialismo español organizado, desde su fundación, siempre tuvo un Programa Máximo, breve pero muy claro, decantándose a favor de una sociedad sin clases, es decir sin explotados y explotadores y por la propiedad social de los medios de producción y de consumo. Para lo cual y ante la lucha de clases existente, era imprescindible lograr el poder político de la clase obrera.

Y desde 1888 hasta el presente, este Programa Máximo ha seguido contenido en los papeles del PSOE. Sin embargo, en sus Congresos celebrados a partir de la transición de la dictadura a la democracia, una vez legalizado y en la vida pública el PSOE, apenas se ha tenido en cuenta ni se ha elaborado una estrategia, tendente a lograr una articulación práctica del tránsito hacia el Socialismo, de tal manera que un Partido llamado socialista y otro conservador y liberal son ampliamente coincidentes.

No se si hago bien en colgar esto  pero la situación social es apremiante y debemos empezar a ponernos las pilas ya, o el pensamiento único acabará capital ideológico por el que tantos dieron su vida..

Por esta razón, hablar de Programa Máximo exige un gran respeto por el mismo, y trazar una hoja de ruta para alcanzarlo. Aunque sea a medio o largo plazo. Esto es lo que podemos definir como tener proyecto: tener valores e ideas. Es proponer un nuevo camino diferente del orden burgués. Un proyecto de futuro distinto, que nos hace aspirar a algo más que a gestionar de forma diferente el sistema capitalista, del cual abominamos; es decir, proponer a la sociedad nuestra solución: la sociedad socialista, la democracia total, que incluye la propiedad común y el reparto real de la riqueza. La igualdad no sólo de género,  sin dominados y dominadores, a la que los socialistas aspiramos, basada en la convivencia.

Para trazar ese tránsito, es absolutamente imprescindible un estado social fuerte, una banca pública, unos servicios públicos, unos pilares del estado del bienestar y unos sectores estratégicos y energéticos públicos, junto a un desarrollado y potente sector de economía social, además de una distribución controlada y no especulativa y una reforma fiscal tan fuerte como progresiva. Sin estas premisas previas no existe ni siquiera socialdemocracia.

Por lo tanto, nuestro programa máximo es el socialismo, y nuestra vía de tránsito la democracia social fuerte y un estado republicano y laico garante de la democracia, de la justicia y la redistribución social, además de protector de los derechos ciudadanos. Y en esta vía de tránsito es también necesario el control económico y el reparto social, garantizando el poder de la ciudadanía, la soberanía popular por encima de intereses privados, grupos de poder económico, clases opresoras y leyes injustas.

La democracia liberal es imperfecta. En el Reino de España, la exigencia de igualdad total ante la ley no existe, cuando un ciudadano o ciudadana cualquiera no tiene derecho a ser Jefe del Estado, y la Constitución, -tras la reforma exprés de 2011- sitúa los objetivos del déficit y el pago de la llamada deuda a bancos,  por encima de las personas. Estas, y otras muchas,  son cuestiones de principio a considerar, antes de hablar sobre un programa máximo simplemente de adorno. Se es socialista o no se es. Ser socialista, no es compatible con aplicar  políticas neoliberales, privatizar bienes públicos o ceder ante los poderosos. Tampoco lo es proteger castas privilegiadas y exclusivas.

Pero para conseguir la necesaria recuperación, no solo del ideal, sino de la esperanza en el socialismo, es necesario analizar cuál es nuestro proyecto, y la situación actual para implementarlo. El socialismo en democracia, no es una utopía imposible.

Para analizar seriamente ese análisis de la situación, que nos permita implementar una estrategia real de tránsito hacia el socialismo, en lugar de “conferencias políticas y discusiones sobre “primarias”,  se ha ido haciendo cada día más urgente un Congreso Extraordinario que permita la participación activa de toda la militancia, a dos vueltas como se hizo tradicionalmente en nuestro Partido. Un Congreso que explicite ante la sociedad española nuestro total rechazo al sistema capitalista, porque el capitalismo ha fracasado y a la postre produce desigualdades e injusticias, hambrunas, pobreza y guerras. El capitalismo hace infelices a las personas y no les garantiza su derecho al trabajo, la educación, la sanidad, la vida digna y la vivienda. El capitalismo sólo beneficia a los detentadores de las riquezas y al mundo financiero y los grupos de poder privilegiados. Por eso creemos en una sociedad socialista.

Una vez hecho esto, debemos elegir a aquellos de entre nosotros con mayor capacidad, empuje y decisión para llevar adelante ese inicio del tránsito hacia el socialismo. Porque creemos en los ideales, no en los ídolos.

sábado, 3 de febrero de 2018

DE VUELTA A LA VIDA

Historias de superación

Esperando el veredicto

Miro a mi alrededor y de pronto me doy cuenta de que no tengo absolutamente nada. Contemplo mi casa y presiento que no me pertenece. Miro todos los enseres encerrados entre las cuatro paredes y me parecen extraños que se han pegado a mi vida.
Cojo la mano de mi mujer y cuando nota el roce de la mía me mira a la cara. No puede por menos y se le escapan enormes lagrimones. Llora en silencio. Me aprieta suavemente con fuerza, para que reciba su energía positiva. Veo en su mirada que no hay reproche alguno. Ya se olvidó de “te lo dije” o “¿por qué no me hiciste caso?” debido a mis malos hábitos tabáquicos.
Ahora sólo descubro en sus ojos consuelo y miedo. Quiere que envejezcamos juntos y le causa pavor quedarse sola. Aunque sólo sea por estas dos premisas vamos a luchar codo con codo.
Hemos llegado al segundo ciclo, el de bregar juntos, aunando voluntades para ser más fuertes.
Si todo lo que tengo no lo poseo, ¿qué es lo que realmente tengo? Nada, solamente me tengo a mí, mi vida. Sin embargo, tiene fecha de caducidad, porque antes o después se extinguirá.
Y a esta sí que me apego. Estoy cansado, más bien molino, pero quiero levantarme del confortable sillón y dejar que el aire me curta la cara, oler el perfume de las gotas de lluvia sobre el asfalto una tarde de verano, sentir la vida a través de las voces de un parque infantil…
El tercer ciclo se me antoja más llevadero. Es el de las caricias, el de la normalización de la vida pero siempre con el miedo al caos. Es el del apoyo de los amigos, aunque muchos son virtuales. Mi muro, cada día, recibe una media de ocho o diez comentarios. Todos están cargados de hermosas palabras que intentan levantarme el ánimo y darme fuerzas para dar un paso y otro y un tercero con la intención de acompañarme en el camino.
Descubro que no estoy solo, que la amistad es una inyección tan potente que alivia los dolores más que el calmante más eficaz. Mitiga tanto el malestar físico como el del alma, ese dolor profundo que no se puede localizar en una parte concreta.
Y juntos llegamos al cuarto ciclo, el de la incertidumbre, en el que no sabemos si el camino elegido es el adecuado o si nos hemos metido en un pantano mientras apuramos las semanas y los meses como si fueran los últimos, como si no hubiera un mañana para seguir viviendo.
Respiro profundo, como si fuera la última bocanada de aire antes de entrar en la cámara de gas, cuando la enfermera pronuncia mi nombre. Me coges de la mano y noto que tiemblas. Ahora soy yo quien la aprieta con fuerza para infundirte confianza.
Sé que hemos hecho las cosas al pie de la letra, tal cual nos han mandado, por lo que espero que el veredicto del jurado sea exculpatorio.
Comienzan los preámbulos y quiero que el oncólogo pronuncie finalmente la sentencia. Sólo quiero oír una palabra entre dos posibles, ¿sano o enfermo? No hay más opciones.
Hace poco más de un año me detectaron cáncer. He seguido las instrucciones y acatado el duro tratamiento. Lo he soportado sin resignación, agarrándome a pequeñas ilusiones diarias y a cuantos tenía a mí alrededor. Ellos han sido los testigos que han declarado a mi favor.
El médico, por fin, pronuncia el laudo:
- Estás curado.
La vida se me antoja que sigue siendo hermosa.

viernes, 4 de agosto de 2017

HISPANIA NUNCA FUE CONQUISTADA POR LOS PUEBLOS BARBAROS.

CAUSAS DE LA PACÍFICA  INVASIÓN DE LA IBERIA ROMANA.

EL FOEDUS DEL 411 MONEDA DE CAMBIO DE ROMA PARA PAGAR LOS SERVICIOS DE LOS BÁRBAROS EN LA DEFENSA DEL IMPERIO EN RUINAS.

No toda la crítica moderna entiende que el asentamiento bárbaro de 411 en Hispania se realizó con la aquiesciencia de un poder romano (legítimo o no), es decir, articulado en un foedus. Nosotros, sin embargo, nos alineamos con la corriente historiográfica que aboga por la existencia de un pacto. Ciertamente, la información aducida por Hidacio no permite sostener per se que tal pacto existiera, pero tampoco que no: la información de la que dispone Hidacio sobre la historia peninsular en los primeros años del siglo V es muy escasa y presenta enormes lagunas (el episodio de Dídimo y Veriniano es un ejemplo). Tampoco de Orosio ni de Procopio, los otros autores que mencionan el asentamiento bárbaro, puede extraerse una información concluyente al respecto. Así pues, a partir de las fuentes escritas, ya de por si escasas, no se puede obtener una conclusión definitiva al respecto de la existencia o no de un foedus entre los invasores y algún poder romano (Máximo u Honorio).
Es, a nuestro entender, el contexto histórico el que proporciona los indicios que permiten exponer la teoría del pacto. Tenemos constancia de que Geroncio firmó una paz con los invasores bárbaros posterior a la derrota de Constante por éstos pero anterior al nombramiento de Máximo como Augusto. Sabemos, a su vez, que el general rebelde utilizó contingentes bárbaros en su campaña contra Constante (hecho este, por otra parte, habitual: los usurpadores Constantino III y Jovino también utilizaron numerosos auxiliares bárbaros) y los más verosímil es que los reclutase entre los invasores de Hispania. Destaca además el hecho de que cuando Geroncio atacó a Constantino III invadiendo las Galias, dejó a Máximo en Tarraconense, provincia, por cierto, que quedó fuera del reparto que de Hispania hicieron los bárbaros en 411. Esta opción estratégica, dejar el cuartel general propio en una retaguardia amenazada por lo germanos, sólo tiene validez si tal amenaza hubiera sido neutralizada con un pacto, que excluiría a Tarraconense de las provincias cedidas por Geroncio. Esta serie de hechos, unidos a otros (lo inverosímil de un sorteo como el descrito por Hidacio, el hecho de que Máximo se refugiase entre los invasores cuando fue depuesto, el intento, en 416, de los bárbaros de regularizar su situación legal proponiendo un pacto a Honorio ante la inminencia de un ataque visigodo), nos llevan a afirmar que los invasores bárbaros signaron un pacto de federación con el usurpador Máximo por el que los primeros proporcionaban al segundo auxilio militar contra Constantino III a cambio de la cesión de la Hispania peninsular con la excepción de Tarraconense.
Hidacio recoge también otra noticia controvertida. Según el obispo galaico, las provincias hispanas fueron repartidas mediante un sorteo (sorte). Una parte importante de la historiografía lo acepta literalmente y argumenta que no es verosímil que los vándalos asdingos, con un contingente calculado en unas 80.000 personas, aceptara un territorio tan exiguo como el que le correspondió tras el sorteo. Sin embargo, la cifra aceptada presenta dos dificultades para ser admitida como cierta: primero, se trata de una estimación de la población asdinga en el año 429, una vez asimilados los silingos y alanos que sobrevivieron a las campañas visigodas y, en segundo lugar, actualmente se está llevando a cabo una revisión a la baja de las cifras que se habían propuesto para el cálculo del numero de invasores que cruzaron el Rin en 406. No creemos probable que Hidacio esté hablando de un sorteo sino de un reparto de tierras basado, no en el azar, sino en el potencial militar y el prestigio político de las etnias bárbaras, lideradas, como el propio Hidacio confirma, por los alanos, quienes se adjudicaron las provincias más amplias y prósperas.
La principal consecuencia del foedus fue el reparto de las provincias hispanas entre los invasores. Queda por dilucidar qué tipo de asentamiento produjo este reparto pero por desgracia las fuentes son esquivas de nuevo a la hora de proporcionar información sobre este trascendental aspecto de la ocupación bárbara. Las escasas palabras ofrecidas por Hidacio (sorte ad inhabitandum sibi prouinciarum diuidunt regiones) son propicias para la polémica. En efecto, como ha quedado comentado, varios historiadores entienden que se está hablando de un simple sorteo y no de un reparto de tierras, mientras que otros, a los que nos sumamos, opinan que el término sorte hace referencia a lotes de tierras y su reparto. La comparación con otros testimonios literarios apunta en esta dirección. En efecto, textos de Próspero de Aquitania (donde se utiliza la misma expresión, ad inhabitandum, para referirse al asentamiento godo en Aquitania), Orosio y el propio Hidacio aportan pruebas de que se produjo un reparto de las tierras como consecuencia de la firma del pacto. El tipo de reparto que romanos y bárbaros llevaron a cabo nos es desconocido, por lo que debemos reconstruirlo mediante la comparación con otros pactos similares de los que tengamos más información. En general, el sistema de reparto de las tierras asignadas a los bárbaros en los distintos pactos firmados con Roma se realizó tomando como modelo las leyes romanas referidas a la institución de la hospitalitas, sobre todo la ley del año 399, que regulaba el régimen de alojamiento de las tropas romanas. Este sistema de reparto se aplicaría ahora también a los federados bárbaros, de forma que éstos recibirían una parte de los terrenos en los que se asentaran. El dueño de la propiedad conservaría dos tercios de la misma (o un tercio dependiendo de la región) y el recién llegado el tercio restante (o dos). Por lo general, las tierras que eran elegidas para ser cedidas a los bárbaros solían pertenecer a grandes propietarios o al estado, lo que eliminaría parte de los previsibles conflictos que pudieran darse derivados del reparto de tierras. Aunque no tenemos datos para asegurar que éste fuera el sistema empleado en Hispania, no hay motivos para dudar de que fuera así.
Excepto de los suevos, no disponemos de datos concreto que permitan localizar con cierta exactitud qué regiones fueron ocupadas por los bárbaros y cuáles las tierras preferentemente elegidas para el reparto. El pueblo militar y políticamente más importante de los invasores, el alano, recibió las extensas provincias de Lusitania (incluyendo la capital Emerita) y Cartaginense. Los alanos, incapaces de ocupar todo el territorio que se les había asignado, se concentrarían en amplias propiedades, seguramente provenientes de senadores absentistas, la res privata del emperador o de tierras estatales, de las que hay constancia de su existencia en Lusitania y donde podrían practicar la ganadería nómada. En cuanto a los vándalos, los silingos, más poderosos, recibieron la rica Bética, si bien no es posible especificar qué zonas de la misma eligieron para asentarse. Galecia fue dividida entre los vándalos asdingos y los suevos, aunque Hidacio no dice cómo. Todo parece indicar, sin embargo, que los suevos recibirían la parte occidental, los antiguos conventos lucense y bracaraugustano, mientras los asdingos se instalarían en la oriental, en los antiguos conventos jurídidos asturicense y cluniense.
Los suevos, por ser el único pueblo que logró permanecer en Hispania tras la invasión y formar un reino duradero y recibieron una mayor atención de Hidacio quien, además, los tenía muy cercanos en el tiempo y en el espacio. Ello nos ha permitido delimitar con mayor precisión qué ciudades y regiones controlaron, en especial analizando el testimonio de Hidacio y otras fuentes (como, por ejemplo, el Parroquial suevo). Es indudable que la principal ciudad que les correspondió en el reparto fue Braccara Augusta, actual Braga, a la que convirtieron en su capital (si bien durante unos años el centro de poder político suevo fue Emerita). En el territorio de la ciudad se asentarían gran parte de los suevos y fue en ella donde el rey Requiario acuñó moneda por vez primera. Otra de las ciudades que la crítica adscribe sin dudas a los suevos es Portus, actual Oporto, último refugio del derrotado Requiario testigo de varios episodios de la guerra civil sueva. Hay, sin embargo, localidades en las que la historiografía moderna no se pone de acuerdo a la hora de decidir si pertenecieron al reino suevo desde la instalación de los suevos en Galecia o, incluso, si lo hicieron alguna vez. El principal escollo lo constituye la ciudad amurallada de Lucus Augusti, actual Lugo. Una parte de los historiadores defiende que la ciudad fue sueva, pero no desde un principio, habiendo sido ocupada bien en 420, tras la partida de los vándalos de Galecia, bien en 460, cuando la tomaron los suevos por traición. Sin embargo, la ocupación en 460 debe enmarcarse, mejor que en una conquista, en la guerra civil sueva que se está extendiendo por Galecia y el norte de Lusitania, de la que la ocupación de Lucus sería un episodio más. Debemos de tener en cuenta, además, que la ciudad no fue objeto de pillajes o saqueos durante la guerra civil, al igual que la capital Braccara, indicativo de que una parte importante de los suevos se habría instalado en la misma en 411. Por lo tanto, consideramos que una ciudad de la importancia política y militar de Lucus perteneció al núcleo originario del reino suevo. Otro núcleo urbano que produce discrepancias es Asturica Augusta, que tampoco ha sido admitida como sueva por algunos investigadores. Pero los datos apuntan en una única dirección: Asturica fue una ciudad definitivamente sueva. Fue saqueado por los visigodos en busca de suevos refugiados en 457 y Requiario decidió combatir la invasión visigoda en sus cercanías unos meses antes, lo que no se explica si la ciudad, que cubría su retaguardia, no estuviera en su poder. Finalmente, no disponemos de información sobre dónde se produjo el asentamiento de la población civil sueva. El hecho de que Braccara y Lucus no sufrieran pillajes durante la caótica guerra civil que siguió al derrumbe del reino suevo tras la derrota de 456, es indicativo de que estas ciudades acogerían la mayor parte de la población, lo que es muy lógico debido al escaso número de suevos que invadieron Hispania: estos preferirían un asentamiento concentrado en las ciudades principales que impidiese su completa asimilación por parte de la mucho más numerosa población hispanorromana. En el resto de las ciudades bajo su control se establecerían guarniciones militares. Es importante destacar que grandes zonas de Galecia, principalmente de la costa y algunas del interior, quedaron fuera del control suevo.

HISTORIOGRAFIA.


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© Francisco Javier Sanz Huesma, 2006.


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“Eloi, Eloi, lama sabactani "Y cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y a la hora novena, ...